La reciente intervención de la plaza Morazán, como parte del proyecto Reavivamiento del Centro Histórico de San Salvador, que impulsa la comuna capitalina, ha dejado al descubierto un mosaico antiguo firmado por al artista salvadoreño Carlos Cañas, quien fuera uno de los más connotados del siglo 20, por lo que obtuvo, entre otros reconocimientos, el Premio Nacional de Cultura en 2012.

Maestro de generaciones, nació en 1924 y comenzó su formación artística en el Bachillerato en Arte y Teoría de la Escuela Nacional de Artes Gráficas. Estuvo becado en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, en Madrid, España, en los años cincuenta.

 “En la España de los años cincuenta, de la que se nutre nuestro artista, la abstracción y el informalismo son los estilos que van al compás del tiempo de la dictadura del general Franco Bahamonde. El arte abstracto nace como contrapropuesta estética ante la atmósfera represiva y Cañas descubre un arte de vanguardia”, establece la doctora Astrid Bahamond, historiadora del Arte, quien integra la Dirección Nacional de Investigaciones en Cultura y Arte de Secultura.

Cañas se distinguió por ser el primer artista salvadoreño en exhibir pintura abstracta de corte cubista, por una vasta producción artística que incluye pintura, escultura, murales, dibujo, grabado, ilustraciones, escenografía y vestuario, así como por una amplia trayectoria que suma más de sesenta exposiciones individuales y cientos de exposiciones colectivas.

“A su regreso a El Salvador, Cañas irrumpe revolucionariamente, en términos conceptuales y estilísticos, el arte nacional”, indica la especialista.

Sobre la pieza descubierta, la historiadora ofrece importante información y valoraciones: “El estilo abstracto, geométrico, y el informalismo conceptual de Carlos Cañas es de carácter ancestral, pues se basa en reconocer nuestros principios originarios precolombinos, tanto a nivel antropológico como artístico. Muestra de ello son los mosaicos encontrados en este mes en la plaza Morazán”.

La especialista agrega: “El mosaico que tapiza el suelo en casi la totalidad de la planta arquitectónica de la plaza Morazán es polícromo, gracias a la utilización de pequeñísimas tesalinas que se unen para reconstruir monumentales composiciones bidimensionales triangulares”.

La Dra. Bahamond define cómo las imágenes que se aprecian en el mosaico responden a figuras geométricas y explica que “técnicamente, son denominadas ‘espejos de agua’, ya que su volumen es de aproximadamente 15 centímetros de profundidad, según registros fotográficos de la época”.

Un elemento que resalta la historiadora del Arte es que la pieza refleja la faceta internacional del artista: “Este tipo de monumentos públicos son clásicos de la arquitectura funcionalista que se desarrolló en Europa y toda América”, y subraya: “Lo interesante en esta obra de Carlos Cañas es que es inédita en toda la historia del arte salvadoreño, pues si bien es cierto el muralismo no es tan evolucionado, los murales y estos mosaicos artísticos de alfombra en espejos de agua son tan magnificentes y valiosos para el patrimonio cultural de la nación”.

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