El proceso de elaboración de estas artesanías “utilitarias” y en algunos casos ornamentales, es documentado por Carlos Cortez, de la Unidad de Patrimonio Cultural Inmaterial de la Dirección Nacional de Patrimonio Cultural y Natural de Secultura.

Es del “barrial” de dónde los alfareros de Santo Domingo de Guzmán, Sonsonate, extraen la materia prima de sus artesanías de barro rojo, que desde tiempos inmemoriales elaboran con técnicas manuales.

Dionisia García es cabeza de una de las familias que en el pueblo se dedican a la alfarería. Con “71 años cumplidos”, ella cuenta que empezó en el oficio cuando tenía ocho años y que fue su mamá la que le enseñó. Por generaciones —de las que no tiene memoria— su familia se ha dedicado al barro.

Mientras sella con ladrillos el horno para la cocción de un lote de ollas y tapaderas, Dionisia toma del estante un pequeño incensario (imagen de portada) y dice: “En aquel tiempo esto valía un centavo”. Vuelve al horno y cuenta que lo que se cuece en el horno es para cumplir con un pedido hecho por un restaurante.

El proceso de elaboración de estas artesanías “utilitarias” y en algunos casos ornamentales, es documentado por Carlos Cortez, de la Unidad de Patrimonio Cultural Inmaterial de la Dirección Nacional de Patrimonio Cultural y Natural de Secultura.

“En nuestra investigación, hemos encontrado que este proceso es único por las técnicas utilizadas, que son ancentrales, se han transmitido de generación en generación y no requieren de implementos preelaborados como el torno”, explica Cortez.

A este respecto, dice Cortez que aunque los artesanos pudieran comprar herramientas convencionales optan por crear sus propios artefactos con materiales reciclados como piezas de latón, cartón o plástico.

Dionisa García, quien también es nahuablante, vive y trabaja con sus cuatro hijas  y sus cuatro nietos —dos niñas y dos niños—  a quienes les habla en náhuat. “Yo les digo a ellos que si quieren aprender a hacer algo aprendan,  porque yo me voy a morir y ustedes van a quedar. Es de aprender porque vamos muriendo de uno en uno”,  dice sobre la lengua y el oficio.

A el barrial van los artesanos a extraer el barro cuando el verano está finalizando, cuando el barro —negro y rojo— está bien seco. La tradición es parte del patrimonio cultural inmaterial de la localidad.

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