Con 14 años de trayectoria como emprendedora, Nina Flores, una santaneca de 37 años de edad, ha logrado posicionar su empresa de prendas de añil «Luna Azul» no solo en el mercado nacional, sino también a nivel internacional.

«Llegué a Ciudad Mujer con una maleta llena de sueños y con el deseo de poder exportar mi producto», aseguró Nina, recordando sobre una decisión que le dio mayor empuje y crecimiento a su empresa.

«Luna Azul» está dedicada a la comercialización de prendas de vestir y accesorios que llevan plasmada la cultura de nuestro país, a través de las laboriosas manos de nuestra gente.

 Actualmente, su empresa cuenta con 16 emprendedoras que dedican sus horas al arte de teñir con añil.

Pero no fue así desde el principio, «mi iniciativa surge como un emprendimiento por necesidad, ante la falta de empleo y búsqueda durante cuatro años», detalló la destacada emprendedora, recordando que inició sola; pero con muchas ganas de salir adelante.

«Estaba ansiosa, una joven, recién egresada de bachillerato, con deseos de superarse (…) se me dio la oportunidad de trabajar en un sitio arqueológico como guía de turistas; y uno de los requisitos de trabajar en ese lugar es que tenía que aprender a pintar con añil y fue ahí donde una cooperación de JICA me enseñó esta artesanía, y de ahí surge la idea, ante la falta de empleo», mencionó Nina.

Dentro de su trayectoria, Nina ha recibido acompañamiento de Ciudad Mujer para la formalización de su negocio y el establecimiento de su marca, y también se ha apoyado en el programa de Empresarialidad Femenina de la Comisión Nacional de la Micro y pequeña Empresa (CONAMYPE).

Su constancia a pesar de las dificultades −entre las que figuran principalmente la falta de oportunidades y la pobreza−, le ha dado a Nina dos importantes reconocimientos a nivel nacional: «Fui elegida como uno de los mejores modelos de negocio en el 2015 (Programa Mujer y Negocios de CONAMYPE), fui reconocida como empresaria de éxito, también fui reconocida dentro de las 20 historias de éxito de CONAMYPE», afirmó.

Su carácter y su fuerza han sido testigos de cómo las metas que llevaba consigo dentro de su «maleta de sueños», se han cumplido poco a poco, «estamos en exportaciones para Ecuador, en pláticas para Europa, España, Ucrania, ya estamos incursionando en otros mercados que era lo que deseaba al inicio cuando yo llegué».

 En consecuencia, su capacidad productiva también ha aumentado, pues pasó de producir y vender una que otra prenda, a producir de 300 a 400 semanales, y ubicarlas en diferentes sitios del país, tales como «Ruta de las Flores, Mercado Nacional de Artesanías en San Salvador, El Salvador productivo (Aeropuerto Internacional) y mercados de artesanías de Santa Ana», explicó.

Gracias a su empresa, Nina logró también otro de sus sueños: estudiar en la Universidad. Logró coronar su carrera como abogada, y actualmente dedica el 80 % de su tiempo a «Luna Azul» y el resto a su profesión, «soy abogada de profesión; pero artesana de corazón», añadió.

Todo este esfuerzo realizado y aún por realizar tiene a la base el motor de su familia, «para sus hijas, Nina es un ejemplo a seguir, soy muy admirada por mis hijas, valoro mucho mi familia, es una de las razones por las que trato de seguir adelante», valoró sobre sí misma la empresaria.

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