Una de las conquistas principales de la democracia es, sin duda alguna, la libertad de prensa.

Por Carlos Argueta*

Columnista de AvancEs

 La libertad de prensa es integrante de la libertad de expresión, consignada en el artículo 19 de la «Declaración Universal de los Derechos Humanos», en el sentido que «todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y expresión».

«Este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y de recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión».

La libertad de expresión tiene su fundamento en Voltaire, quien dejó plasmada la frase para la historia: «No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defenderé con mi vida tu derecho a expresarlo».

Sin embargo, es importante reconocer que todas, absolutamente todas las libertades humanas, tienen límites y regulaciones.

Los sistemas jurídicos y las sociedades en países democráticos reconocen límites a la libertad de expresión, particularmente cuando entra en conflicto con otros valores o derechos. El «principio de daño» de John Stuart Mill y el «principio de ofensa» de Joel Feinberg son dos ejemplos clásicos de dichos límites.

En nuestras sociedades democráticas prevalece un conjunto de libertades que deben ser respetadas. Pero si analizamos detenidamente nos damos cuenta de que todas tienen límites y regulaciones.

Existe el derecho a la libre circulación de los ciudadanos por el territorio. Sin embargo, no podemos penetrar libremente a una propiedad privada. En otras, debemos pagar por el derecho a circular, como en un parqueo o centro de diversión privados, lo cual constituye en sí, una regulación.

Tampoco podemos entrar libremente a una zona militar o gubernamental. Y en caso de tragedias o desastres, las autoridades tienen el derecho y la obligación de restringir la circulación para evitar riesgos.

También existe, en el marco de la libertad económica, la libertad de comercio y la libertad de contratación. Sin duda que estas han permitido el crecimiento de la riqueza y la prosperidad. Sin embargo, en todo el mundo tienen regulaciones.

Por ejemplo, hay prohibiciones o regulaciones para contratar menores de edad o extranjeros no legalizados. Tampoco se puede comercializar libremente sustancias prohibidas como drogas, explosivos, medicamentos vencidos o sin licencia. Y hay otras como el tabaco y el alcohol que tienen regulaciones.

Prevalece la libertad de empresa. Pero si hay algo que está fuertemente regulado es la actividad empresarial, a través de gruesos y estrictos códigos de comercio.

Existen infinidad de ejemplos de prohibiciones y regulaciones a las libertades humanas más fundamentales.

Pues de la misma manera la libertad de expresión y la libertad de prensa tienen regulaciones y limitaciones en todo el mundo.

La libertad de expresión y la libertad de prensa no entraña el derecho a mentir, a difamar o difundir informaciones carentes de veracidad.

Tampoco admite el derecho a difundir imágenes que dañen la salud mental colectiva, que siembren el odio, la discriminación, promuevan la guerra, el asesinato o el genocidio.

¿Quién limita que una persona difunda públicamente calumnias de su vecino por su sospecha o creencia arraigada de que es un delincuente, sin tener pruebas fehacientes?

Sin duda alguna, la ley que establece el delito de calumnia. Se tiene el derecho y la obligación de dar aviso a la autoridad si sabe de algún delito, pero no se puede difamar públicamente al sospechoso.

El mismo principio se aplica a las empresas periodísticas y a los periodistas.

Es más, los periodistas no gozan de plena e irrestricta libertad de prensa dentro de sus empresas periodísticas, pues no son libres de escoger los temas y enfoques. Deben seguir las regulaciones de la dirección y dueños de la empresa, so pena de ser despedidos.

¿Quién limita que haciendo uso de la libertad de expresión se difunda productos o servicios falsos? ¿O informaciones y rumores falsos?

¿Y quién limita o regula que en las páginas de un periódico se exhiban imágenes de violencia explícita, se publiquen información o rumores falsos que alteran la salud mental de la ciudadanía?

En sociedades con mayores libertades de prensa como Francia, Inglaterra o Estados Unidos donde han ocurrido atentados terroristas o ataques psicópatas en escuelas y universidades con saldo de víctimas civiles, no se exhiben en los medios periodísticos imágenes explicitas de cadáveres y hechos de crueldad, pues existen regulaciones y autoregulaciones.

Es importante, entonces, que en la semana y en el Día del Periodista (31 de julio) hagamos votos, expresemos voluntades y apoyemos todas las acciones necesarias para fortalecer la libertad de expresión y de prensa.

Pero no podemos olvidar, ni obviar, que el gozar de esas libertades también nos establece responsabilidades y obligaciones con la ética, el humanismo y el bien común.

Y que, al igual que con otras libertades, estamos sujetos a límites y regulaciones, como forma de proteger y preservar esas mismas libertades.

 

*Carlos Argueta es director de Radar (www.radar.com.sv),medio digital especializado en seguridad ciudadana.

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