El cacao es originario de Mesoamérica, propio del clima tropical, fueron nuestros ancestros Olmecas quienes rudimentariamente domesticaron su cultivo y procesamiento hace más de 3500 años, heredándolo a los Mayas, y éstos a los Aztecas que lo enriquecieron.

Eugenio Chicas / Secretario de Comunicaciones de la Presidencia

Hasta antes de los acuerdos de paz, vivimos la más profunda crisis de deterioro que afectó la productividad, tocamos fondo. Iniciamos entonces una larga ruta de reconstrucción, reconciliación, institucionalidad y el anhelo de un plan de nación, un modelo que satisficiera las expectativas de progreso justo, digno, sostenido, sustentable e incluyente, que se desdibujó con la imposición unilateral de la ruta económica: una plaza de finanzas, comercio y servicios en detrimento de la productividad de amplios sectores, estancándonos en una prolongada crisis de desarrollo.

Esta exclusión resolvió las urgencias de inserción en la globalización para un grupo del gran capital, pero no logró integrar amplios sectores productivos que hoy buscan como subirse al tren del desarrollo. Los resultados de este modelo desequilibrado son el endémico lento crecimiento económico, el ciclo de pobreza y violencia que abate al país, y por ende la profundización de la migración; en consecuencia, es urgente establecer un diálogo para alcanzar un acuerdo de nación sobre el modelo económico que necesitamos.

Además del debate político es importante sistematizar experiencias concretas para recuperar capacidades productivas; estudiar nuestra historia y volver a nuestras raíces puede facilitar el camino perdido. Por ejemplo, hay un enorme esfuerzo de las autoridades y productores por redescubrir la cacaocultura, este cultivo ancestral se extinguió de nuestro ordenamiento productivo, hasta la dispersión y descontrol del material genético que lo sustenta.

Actualmente la producción global del cacao crece a un ritmo anual del 2.6 %, mientras su demanda crece con mayor velocidad a razón de un 3.5 %. A estas alturas no hay región del mundo fuera del crecimiento acelerado de su consumo, las proyecciones son de una producción mundial estimada en unas cuatro millones de toneladas métricas por año, con un importante déficit del 25 % respecto a la demanda.

El cacao es originario de Mesoamérica, propio del clima tropical, fueron nuestros ancestros Olmecas quienes rudimentariamente domesticaron su cultivo y procesamiento hace más de 3500 años, heredándolo a los Mayas, y éstos a los Aztecas que lo enriquecieron, aportando a su mezcla miel y vainilla. Esta bebida formó parte de la esencia social y económica por milenios.

Los conquistadores españoles lo llevaron a Europa, sustituyeron la miel por el azúcar y agregaron canela, convirtiéndola en la bebida de mayor popularidad en la aristocracia del siglo XVII. En los siguientes 200 años en el  viejo continente modernizaron las técnicas de procesamiento mediante el prensado hidráulico, logrando la separación de los contenidos oleaginosos, permitiendo su pulverización para lograr mezclas homogéneas de fácil disolución líquida y la condensación para la fusión con la leche, permitiendo el salto hasta la industria de la confitería a finales del siglo XIX, ampliando su consumo.

Con la amplia aceptación en los mercados hoy se compite por su producción, actualmente es Costa de Marfil -donde producen el 70 %-, Malasia, y Brasil también se destacan en producción. El cacao es parte de nuestra identidad; sin embargo, como nos pasa con el café, lo producimos y otros, en mayor medida, lo industrializan.

Con la generosa ayuda de USAID se está ejecutando un prometedor proyecto de rescate del cacao que abarca al menos 22 municipios en los que con el esmerado trabajo del MAG-CENTA “Enrique Álvarez Córdova” y la Alianza del Cacao, que representa al sector cacaotero, trabajan tesoneramente en el desarrollo de un marco regulatorio y en la depuración científica para el rescate del germoplasma para el banco genético de al menos 25 de nuestras variedades autóctonas, que cuentan con el reconocimiento de alta calidad, aroma, mayor fineza y proyección gourmet, pues debemos competir en calidad.

Esta labor incorpora tecnologías de manejo productivo para llevarlo a la escala de agroindustria con mayor valor agregado. Este acompañamiento compromete la gestión de laboratorios de microbiología agrícola y apoyo a pequeñas empresas de agroindustria. Nuestros planes para el quinquenio son plantar diez mil hectáreas para producir más de un mil toneladas métricas de cacao de altísima calidad.

Rescatar capacidades productivas aportando soberanía, seguridad alimentaria y nutricional, significa que el cacao que genera hasta dos cosechas por año puede aportar muchos empleos y contribuir al crecimiento económico; esto amerita mayor conocimiento, análisis, manejo técnico de la producción, procesamiento, industrialización y comercialización.

Instituciones como la UCA contribuyen también en la coordinación técnica para la formulación de una política nacional para el cacao. Hoy hace falta mayor compromiso de la banca privada apoyando a la agricultura con créditos y tasas de interés accesibles; es necesario también proveer mayores recursos a la banca estatal que es la que en mayor medida respalda a los productores agropecuarios.

Si bien la amenaza del cambio climático genera incertidumbre, lo cierto es que el cacao como cultivo perenne y con una vida productiva de hasta más de veinte años por planta, contribuye a la creación de ambientes agroforestales propicios que son los que contrarrestan el grave efecto del cambio climático. No hay dudas, apostémosle al cacao.

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