La política de seguridad pública mediante el Plan El Salvador Seguro y la ejecución de las medidas extraordinarias en materia penitenciaria han demostrado notables progresos, visibles en la sensible disminución de la criminalidad.
Tomado de: Diario El Mundo

Eugenio Chicas / Secretario de Comunicaciones de la Presidencia

2017 es un año de muchos retos para el desarrollo, que van desde superar las dificultades y retrasos que tuvo la aprobación del presupuesto hasta articular las medidas tributarias necesarias en lo atinente a la hacienda pública. Al respecto ya hay anuncios gubernamentales prometedores de acciones concretas, en el marco de las facultades existentes que apuntan a una mayor recaudación, al apostarle a la recuperación de la mora tributaria y a mejorar los controles aduanales.

En cuanto al órgano legislativo, están pendientes reformas y nuevas leyes tributarias que permitan reducir la evasión y elusión de los dineros públicos, así como mejorar los mecanismos de cobranza, poniéndonos a tono con los estándares de carga tributaria que corresponde a países de renta media; además, el acuerdo para una reforma suficiente al sistema de pensiones que le haga sostenible en el tiempo, reduzca el déficit fiscal y deje de drenar los recursos que deben ser destinados a otras obras.

Alcanzar un adecuado marco de acuerdos nos permitirá disponer de los recursos suficientes para seguir avanzando en el cumplimiento de las metas de los Objetivos del Milenio trazados por Naciones Unidas, al que está comprometido el país. Un mayor crecimiento económico para incrementar la inversión privada –nacional y extranjera– y la inversión pública, también debe ser parte de los puntos de encuentro. Además es ineludible y urgente tomar medidas y acciones para la caficultura en la búsqueda de generar mayores oportunidades de crecimiento, empleo y condiciones de progreso.

Lo expuesto depende sencillamente, tal cual lo ha expresado la Iglesia Católica y diferentes sectores, de retomar el camino del diálogo. Con claridad esto significa que Arena como principal fuerza de oposición asuma su responsabilidad y vuelva, hasta alcanzar acuerdos, a la mesa que abandonó. Cabe reconocer que el resto de fuerzas políticas con representación legislativa han continuado aportando en dicho espacio, con responsabilidad y compromiso con la nación.

Si bien la búsqueda del progreso económico con equidad y sustentabilidad, y la profundización de la agenda económica y social para superar la extrema pobreza son los temas fundamentales del tras telón nacional, la criminalidad de pandillas aún sigue siendo el distorsionador dominante que retrasa y ralentiza el progreso en su conjunto. En este sentido, la política de seguridad pública mediante el Plan El Salvador Seguro y la ejecución de las medidas extraordinarias en materia penitenciaria han demostrado notables progresos, visibles en la sensible disminución de la criminalidad en cuanto a homicidios y otros delitos, con logros en menos de un año.

Actualmente hay un promedio de 8.3 crímenes diarios, todavía un gran reto, pero muy por debajo del promedio de 24 antes de iniciar la ejecución de las medidas; por lo que la tarea para este año es profundizar el control en los territorios aún asediados por grupos criminales, ampliando, además de la persecución de los criminales, los programas de prevención para impedir que nuevos jóvenes se integren a estas estructuras delictivas. De aquí se deriva la importancia de continuar, extender y profundizar la prevención, con suficientes recursos y una correcta articulación interinstitucional como la que exitosamente realizan bajo la coordinación del Viceministerio de Prevención: INJUVE, Secretaría de Cultura e INDES. Falta, por muchos, reconocer y promover que la prevención es tarea de todas las instituciones y la sociedad en su conjunto.

En la medida que llegamos al segundo mes del 2017, son más perceptibles los fuertes y acres olores del ambiente de precampaña política electoral para los comicios de diputados y alcaldes a celebrarse en marzo del año próximo, muy complejos por cierto si tomamos en cuenta la enorme distorsión en nuestro sistema electoral derivada de tantas sentencias, más las que faltan –que en definitiva no han aportado significativamente en transparencia, mayor confianza o agilidad del proceso de sufragio, más bien cada vez se asemeja crecidamente a la obra cumbre de estilo gótico de la escritora y filósofa británica Mary Shelley–. Pero dejaré esa tentación para otro momento.

Este ambiente político enrarecido está dificultando la aprobación legislativa de recursos urgentes para la ejecución de los Programas de Prevención de Violencia, en razón del temor infundado de más de algún partido político por el presunto rédito partidario derivado del trabajo y recursos destinados a la prevención.

Las políticas y acciones de prevención como herramienta para erradicar la violencia y dotar a nuestra juventud y comunidades de un clima de sana convivencia, deben estar por encima de las pasiones de coyunturas electorales. Desde la premisa de los objetivos nacionales es deseable la aprobación inmediata de la continuidad de las medidas extraordinarias en materia de seguridad pública, así como de los recursos destinados a la prevención y el paquete de préstamos orientados a fortalecer a la PNC. Tres años tendrán que trascurrir para despejar la tormenta electoral, no permitamos que esos nubarrones ensombrezcan el cielo de los salvadoreños.

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