Eugenio Chicas / Secretario de Comunicaciones de la Presidencia

Tener conciencia del presente y proyectar el futuro en función del modelo de desarrollo decidido, requiere del conocimiento profundo del pasado, del entorno natural y del porqué somos como somos. En este sentido la comprensión de la vulnerabilidad que nos caracteriza y de la que padecemos, requiere una buena interpretación de sus orígenes.

Hasta los gobiernos del cambio nuestro país ocupó el primer lugar en el mundo en vulnerabilidad, producto de mucho trabajo e inversión social hemos mejorado sensiblemente hasta ocupar el puesto 14. Y es que la suerte topográfica que nos tocó en este terruño, además de ser severamente accidentada e intrincada, se corresponde a un suelo muy inestable, geológicamente nuevo en términos de edad y origen, convertido en sedimento acumulado en capas, resultado de frecuentes fenómenos volcánicos a lo largo de la historia. Estamos situados en el cinturón de fuego del pacífico, presentando una alta incidencia telúrica por la permanente actividad volcánica, y por las fallas geológicas producto de la colisión de placas tectónicas.

Además, nuestra proximidad al Ecuador geográfico nos determina otras características particulares que hacen de la estrecha franja del istmo centroamericano, enclavada entre dos océanos y sirve de puente y tránsito de especies entre dos continentes, un ambiente tropical cálido y húmedo. Es un espacio propicio para todas las formas de la más exuberante y rica vida natural, lo que también incluye entre todos esos seres vivos, toda suerte de pestes, virus y plagas que permanentemente se reproducen y mutan al ritmo de su propia adaptabilidad.

En definitiva, nuestra sobrevivencia en esta región depende del grado de conocimiento, comprensión, conciencia, incidencia y adaptación a este entorno, donde las variables son más constantes en la medida que continuemos depredando, contaminando este medio ambiente; mientras, y a la vez se profundizan, los efectos del cambio climático como fenómeno global; esto nos expone, entre otros, a una mayor vulnerabilidad que se manifiesta en torrenciales lluvias, huracanes, o periodos de severa sequía, epidemias, plagas, con las subsecuentes consecuencias.

El modelo de desarrollo que por decenios se nos ha impuesto, no corresponde a un mínimo de consenso que asegure bienestar justo, equilibrado y sustentable para la sociedad; privilegia el mercado, el consumo y la rentabilidad de ganancias por encima del interés humano, generando beneficios de corto plazo a mezquinos intereses grupales en función de un mal concepto de progreso, que produce y conduce a altos niveles de atraso en el desarrollo social y territorial, con graves problemas de concentraciones humanas con una distribución que no se corresponde con ningún grado de equilibrio en el uso racional de los recursos naturales que debemos administrar.

En este contexto, la vulnerabilidad que devela el reciente siniestro en el complejo de las “Tres Torres, con la pérdida lamentable de dos vidas humanas y el dolor de las víctimas que resultaron severamente afectadas, es alta; no obstante el reconocimiento de la valiente y abnegada acción, eficiente coordinación interinstitucional de organismos de gobierno especializados en la protección civil e instituciones de socorro público, que han sido justamente reconocidas y galardonadas por evitar una tragedia de incalculables consecuencias.

Este hecho debe llevarnos a una reflexión de los retos y causas de esta vulnerabilidad que expone las limitaciones y carencias de infraestructura del gobierno y el Estado, fenómeno de larga data por restricciones presupuestarias. Esta es una razón adicional y suficiente para una reforma tributaria que permita invertir en edificios adecuados y devela los efectos que a lo largo del tiempo nos han dejado terremotos que han diezmado importantes edificios públicos, así como las deficientes normas de construcción y control de calidad que por decenios pasó por alto el interés de mejores estándares de seguridad.

Las reformas estructurales necesarias indudablemente ameritan condiciones solo posibles con un cambio sustantivo en la correlación legislativa, social y política para una mayor profundidad en la agenda social. Entre tanto debemos avanzar en elevar los niveles de organización de los comités de protección civil y salud ocupacional que ya manda la ley en todas las instituciones públicas y privadas, y desde las comunidades, ameritando constante formación, entrenamiento y práctica de simulacros para elevar la capacidad de respuesta y disminuir las amenazas.

Urge también una reforma legislativa que dé suficientes recursos a nuestro Cuerpo de Bomberos, al ampliar a todas las primas de seguro de siniestralidad de infraestructura y vehículos el 4 % que ya establece la ley, como ocurre en Costa Rica. Esta medida si bien grava a las empresas aseguradoras, que a la larga son las más beneficiadas del buen desempeño de nuestro Honorable Cuerpo de Bomberos, son estos los que tiene sobre sus espaldas de manera adicional la organización de Bomberos Voluntarios en todo el territorio y que solo en los primeros seis meses de este año han atendido 2824 emergencias.

No se rasguen las vestiduras quienes abogan por más recursos para estas instituciones y simplemente hagan lo que deben: apoyar y reformar la ley para proveer a los bomberos de un ingreso estable.

conversaciones de facebook