Por Luis Armando González
Columnista AvancES

El Presidente Salvador Sánchez Cerén recibió, en días recientes y en nombre de la República de El Salvador, la presidencia pro tempore de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC). Según lo señala el propio organismo, la CELAC “es un mecanismo intergubernamental de diálogo y concertación política. Su membresía incluye a los treinta y tres (33) países de América Latina y el Caribe. Surge con el compromiso de avanzar en el proceso gradual de integración de la región, haciendo un sabio equilibrio entre la unidad y la diversidad política, económica, social y cultural de los 600 millones de habitantes de América Latina y el Caribe”(1).

Hablamos, por tanto, de una importante instancia de integración, cooperación y diálogo regionales, que en la época actual –marcada por drásticos cambios en el orden mundial y especialmente en la realidad política interna de Estados Unidos— está llamada a jugar un papel de primer orden en las estrategias de desarrollo a ser impulsadas en América Latina y el Caribe.

¿Cuál es el significado que reviste para El Salvador el haber recibido la presidencia pro témpore de la CELAC? Hay, por lo menos, dos aspectos a destacar al respecto.

En primer lugar, se trata de un reconocimiento al liderazgo político del Presidente Sánchez Cerén. A nadie, dentro o fuera del país, se le escapan los obstáculos para gobernar –puestos por una derecha agresiva y desleal al Estado-- que ha tenido que enfrentar el Presidente Sánchez

Cerén, desde el inicio de su gestión en 2014 y que continúan en estos momentos.

El Presidente de la República ha sabido sortear las trampas y juego sucio de la derecha salvadoreña. Sin un liderazgo político firme eso no hubiera sido posible, y sus homólogos de América Latina y el Caribe han reconocido ese liderazgo en su homólogo salvadoreño.

En segundo lugar, se trata de un reconocimiento para la sociedad salvadoreña en un momento clave de su historia: la conmemoración del XXV Aniversario de los Acuerdos de Paz. Desde la mirada latinoamericana y caribeña, lo logrado por El Salvador en 1992 no fue poca cosa: superar una guerra civil por la vía de la negociación política. Tampoco es irrelevante lo que vino después: la creación de una institucionalidad política que impidiera el regreso al pasado autoritario y que sirviera de fundamento a la democratización política.

¿Y por qué reconocimiento para la sociedad? Sencillamente, porque la democracia en El Salvador sólo ha sido posible por al sacrificio, la entrega y el dolor de miles de salvadoreños que antes y durante la guerra civil lo dieron todo –incluso su vida— por un El Salvador democrático, justo e inclusivo.

Sin lo anterior no se puede entender a cabalidad el significado de la presidencia pro tempore de la CELAC otorgada a El Salvador. Es como si los Estados miembros de la CELAC se quisieran contagiar del espíritu de los Acuerdos de Paz.

San Salvador, 30 de enero de 2017.


_____________________________

[1] ¿Qué es la CELAC?

conversaciones de facebook